extracto libro urbaNOS ERRANTES

urbaNOS ERRANTES

-3650 dias por Latinoamérica

Autores:

Carolina Dardi

Cristo Valdés

arquitectos de profesión,

nómades por opción.

Tren al norte…

Capitulo 00

 

Deseos, decisiones, despedidas y afectos afectados por una

búsqueda que corría por nuestras venas hace tiempo.
Aprendiendo y aprehendiendo intentábamos ser coherentes
con nosotros mismos, exigiéndonos fidelidad.
De paso y de copas por la Universidad, absorbimos el lado
sensible de la arquitectura, el que se amalgama a la sociedad, el
que intenta entretejer la ciudad y la periferia, el que entiende a
la ciudad como un todo.
En la cátedra aprendimos a trabajar en los límites no físicos
entre la ciudad consolidada o formal y la espontánea o
informal.
Creíamos que las áreas informales son manifestaciones
firmemente tangibles en el continente latinoamericano; la
necesidad de impregnarnos de aprendizajes urbanos y sociales
nos dio el pie inicial para comenzar esta nueva “Travesía”.

    • Prejuicios sociales se iban desvaneciendo mientras nos
      “desformábamos” aprendiendo a soñar y a “generar” por curiosa
      necesidad.
      Así fue que una noche, entendimos que podíamos no seguir
      dogmas sociales impuestos, intuyendo que existían opciones y
      elecciones. Una de esas elecciones era liberarnos
      sobradamente, transitando por el lado “no dogmático” de la vida.
      Una vez leí por ahí que “la vida no es corta, son las personas que
      permanecen muertas mucho tiempo”.
    • Estábamos en la génesis de un peregrinaje que comenzaba a
      tener un sentido, una lectura social y urbana, proyectábamos
      un viaje porque necesitábamos respuestas, queríamos aprender de
    • culturas milenarias,
      ignoradas por muchos, ignoradas por nosotros, ignoradas por
      mí. Incas, Aztecas, Mayas, Shelk’nam y Alacalufes entre tantas
      otras nos abrían nuevas miradas, puertas y dimensiones
      diferentes.
    • Anteriormente a nuestra travesía, nos “fogueamos” como
      estudiantes junto a la Universidad por Paraguay, Chile.
      Uruguay y los 4 años que vivimos en Brasil como decisión
    • personal en la ciudad de Río de Janeiro, donde principiamos el
      trabajar con las favelas -conjuntos habitacionales informales o
      espontáneos-.
      En Rio de Janeiro conviven más de 1071 comunidades según
      los censos más actualizados. Esto significa que cerca del 22%
      de la población vive en condiciones informales.
    • Aprendimos a escuchar las demandas de quienes habitan el
      lugar, entendimos que solucionar el problema de habitación no
      era construyendo más casas, que indefectiblemente generan nuevos
      ghettos urbanos de exclusión; contrariamente, se trata de
      intervenir las existencias dando condiciones propias de ciudad
      formal o consolidada, como infraestructura básica y demás
      equipamientos escolares, deportivos y culturales, siempre
      incluyendo los saberes colectivos populares y los de los
      equipos multidisciplinarios.
      Una favela o villa de emergencia como llamamos en Argentina
      es mucho más que un área olvidada e informal.
      Son ciudades con códigos y vida propia, con casas y espacios
      públicos construidos por manos y saberes locales, casas hechas
      con apego, con colores, olores, amores y mucha necesidad de
      subsistir.
    • Los laberínticos y estrechos pasajes peatonales te van llevando
      estratégicamente entre las casas a espacios de convivencia
      mayores -muy escasos por toda la comunidad-, apropiados y
      respetados por los habitantes. Esta falta de lugares de
      esparcimiento es la gran carencia en las favelas en general.
      Ramilletes de barriletes multicolores dominan el cielo,
      compañeros eternos de los niños en las comunidades, cuando
      no, estos avisaban en la época, la llegada de la policía a los
      traficantes locales.
      Las favelas han tenido ciclos, desde su primera aparición en el
      centro de la ciudad, en el morro de la Providência, cuando 10
      mil soldados al fin de la guerra de Canudos a fines del 1800,
      tras haber combatido en el sertão da Bahia, exigían casas para
    • los veteranos del conflicto a lo cual el gobierno les permite
      asentarse en esta área.
      La estigmatización a veces exagerada de las favelas es una cruz
      que siempre han cargado sus moradores.
      Hoy en día, tras la “pacificación forzada” instaurada por el
      Gobierno, se han potenciado estos saberes locales, reuniendo
      artistas, artesanos, música y cultura por doquier, interactuando
      con la ciudad “formal” y sus habitantes.
      Tras haber sumado años de innumeras experiencias humanas y
      académicas, disfrutando de su urbanidad y de su geografía
      privilegiada, decidimos decir “Tchau” a una ciudad que a pesar
      de su complejidad nos dio mucho.
    • Nota: comenzamos por donde concluimos y este comienzo se dilató cuatro
      años. Este capítulo formará parte de nuestra próxima escrita.
    • Retornamos a la ciudad que nos concibió, esa bucólica ciudad
      llamada Rosario, con el río Paraná que siempre la acaricia, con
      sus generosas áreas verdes, su arquitectura ecléctica, cuna de
      artistas y de permanentes manifestaciones culturales. Rosario
      es una gran ciudad con una densidad demográfica equilibrada,
      lo que la hace más humana.
      Infinitos paseos culturales por sus majestuosos Bulevares
      emanan manifestaciones de arte en cada esquina. Una ciudad
      orgánica, donde se respira casi rizomáticamente que está viva.
      Entre “conversas”, intercambios de proyectos durante algunos
      meses y una estratégica bitácora de viaje zarpamos de la
      Estación Ferroviaria Rosario Norte un día de junio en un tren
      al norte argentino.
      Nuestras familias y amigos siempre estoicos diciéndonos adiós
      una vez más, sus figuras estáticas se reducían en nuestra
      perspectiva mientras el tren se alejaba.
      Y asi partimos…El tren, nuestro hotel rodante por algunas largas horas,
    • poseia en sus infinitos corredores  amplios ventanales que hacían
      las veces de un teatro geográfico por donde el paisaje se
      sucedía monótona e incasablemente.
    • Nos alojaba un cómodo camarote multifunción que a la noche
      se transformaba en un acogedor dormitorio.
      El sol caía y el carro-comedor era la butaca privilegiada para
      agradecernos egoístamente por lo que nos sucedía, por haber
      tenido una vez más el coraje de dejarlo todo y partir.
      Tras una dilatada cena reflexionando, observando y escribiendo,
    • volvimos al camarote, donde un guarda
      carismático nos había armado las simpáticas camas marineras para
      que descansásemos.
      Por la ventana veíamos el campo sin horizonte, iluminado por
      la luna y por nuestros ávidos ojos.
      Un placentero viaje de casi un día que no nos provocaba voluntad de
    • llegar a destino.

     

Estas líneas son un fragmento  de esa travesía por la vida…

Comencemos a viajar:…..”

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